Volver a Mi - Fito Paez

CHINA
por David Rodríguez Souto
Instructor de talleres de EFT
web www.utsaina.com
Contrariamente a lo que podríamos pensar, dejar de sufrir no depende fundamentalmente de que alguien nos dé unas “herramientas perfectas”, sino básicamente de tres cosas:
* Darnos cuenta de que sufrimos, o lo que lo mismo, ser capaces de observarnos a nosotros y a nuestro sufrimiento.
* Elegir dejar de sufrir, y manteniendo esta decisión con perseverancia.
* Dejar de resistirse, al proceso de sanación, a aceptar y expresar conscientemente en un entorno seguro las heridas emocionales y a hacer “lo que toca hacer” en cada momento.
Luego vienen las herramientas, para ayudar a facilitar el proceso, unas más adecuadas que otras dependiendo de la personalidad de cada uno y las circunstancias concretas en las que estemos, pero el proceso básico es ese.
IDENTIFICAR EL SUFRIMIENTO
Podemos decir que sufrimiento emocional es cualquier estado distinto a sentir el amor y la alegría tranquila en nuestro pecho. Cualquier otro estado emocional, mental o físico es indicador de que algo no anda del todo bien, o lo que es lo mismo, hemos encontrado una pista de donde podemos sanar un componente del sufrimiento emocional en nosotros. Esto no quiere decir que tengamos que estar obsesionados con “depurarnos”, sino simplemente tomar consciencia de que si queremos tenemos ahí una puerta que explorar.
Cuando abrimos una de esas puertas y comenzamos a bucear en ellas, podemos ver que las emociones se organizan de manera natural en capas por las que vamos a ir pasando, y que a modo de orientación podríamos decir que es algo como esto, de lo más externo a lo más interno:
- Negación, euforia, aburrimiento, cansancio. También dolor físico, resultado de enterrar el dolor emocional.
- Cabreo
- Resignación, autocastigo, autocrítica, culpa, autolimitación.
- Miedo
- Dolor, herida emocional
El observador y el escenario
Para que uno pueda “estar bien” cuando las cosas van mal sin caer en la negación es imprescindible que identifiquemos al menos dos partes en nosotros, el yo que experimenta y el yo que observa.
El observador es el punto de partida imprescindible, es la parte interna de nosotros que es capaz no solo de observar y “darse cuenta” de qué ocurre no solo en nuestro entorno físico, sino también en las partes más externas de nosotros: nuestro cuerpo, nuestras emociones, y nuestros pensamientos, como si esas partes de nosotros fueran también parte del escenario. Leer el resto de la entrada »